La experiencia que me cambió

Desde hace un tiempo qué escucho hablar del slow fashion, la moda sustentable y los productos eco friendly. Pero no fue hasta hace tres meses que llené de significado esas palabras, hasta entonces vacías. Pensaba que era una moda dentro de la moda y no le presté suficiente atención. Ahora me doy cuenta de lo equivocada que estaba.

En junio fui seleccionada para participar en un intercambio en La Coruña sobre Eco Fashion, y en los ochos días que duró el seminario comprendí el impacto ambiental de la industria textil (es la segunda industria más contaminante del mundo) y el daño que le hace a la humanidad fomentando trabajo indigno e insalubre. Este nuevo descubrimiento vino acompañado de un cambio en mi estilo de vida y en mi manera de consumir.

Reciclar para cambiar

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La primera medida que adopté fue cuidar la alimentación. Me comprometí a comer más vegetales y frutas, eliminar por completo los productos procesados, que tienen envoltorios plásticos, y así, poco a poco, empezar a ser más consciente de cómo quiero nutrirme. Ahora estoy viviendo en Bratislava, la capital de Eslovaquia, un país con 5 millones de habitantes, donde la gente en los pueblos tiene su propia quinta, y se compra en el mercado lo justo y necesario. Me motiva recoger los tomates del jardín, lavarlos y tenerlos en la mesa. Me hace recordar la infancia en la casa de mis abuelos, con comida casera y “de verdad”. Los residuos de las verduras son el alimento de las gallinas generando un ciclo constante de aprovechamiento.

Reciclar todo lo que pueda se ha convertido en una máxima, empezando por la basura, donde los plásticos, los vidrios, el cartón y lo orgánico ocupan distintos lugares. También aprendí a utilizar un objeto la mayor cantidad de veces posibles, inclusive reciclarlo, antes de desecharlo. Y la consigna del seminario era crear tres outfits para un desfile final con ropa de segunda mano cuyo resultado rompió con mi prejuicio de que la ropa reciclada es fea, o supone un collage de prendas.

Una experiencia sin vuelta atrás

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Un día nos encontrábamos haciendo una actividad en la playa de Sada, en la Coruña, cuando una compañera propuso dedicar una mañana a limpiar la costa, ya que nos parecía que estaba muy sucia. Logramos completar seis bolsas grandes de residuos. Desde entonces, voy caminando y recolectando basura de las calles.

La experiencia fue un antes y un después en mi vida. Ahora me informo sobre los productos que consumo, hice un detox en muchos ámbitos de mi vida (el más significante fue en mi armario), y me propongo desafiarme y romper con mi pasado consumista.

Renovarse desde afuera hacia adentro

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Foto: Blow Dry Bar

En mi afán por utilizar productos eco friendly, descubrí en Instagram Blow Dry Bar, una peluquería en el barrio Justicia, en Madrid. Un día, mientras vivía allí, fui decidida a hacerme un gran cambio de look, de esos que cierran etapas. Los productos Aveda fueron los que utilizaron para realizarme el color. Son orgánicos y elaborados respetando el medio ambiente. En ningún momento del proceso del teñido del cabello sentí el olor habitual de los tintes que se usan en las demás peluquerías, y me explicaron que eso se debe a que tienen un 96% de productos orgánicos y sólo un 4% de amoníaco. Para continuar los cuidados en casa, adquirí un shampoo y un reconstructor capilar de la marca Secretos del Agua (española). Estos productos tratan las alteraciones del cabello a través de sustancias biológicas y biodegradables para garantizar nuestra salud y la del planeta.

Este hallazgo superó mis expectativas porque la ambientación del salón es increíble, los profesionales que trabajan allí son inmejorables, y la sensación cuando encuentras un lugar en el que te miman y, a la vez, están comprometidos con el medio ambiente es magnífica. Otra apreciación: cuando me aclararon el cabello en la pileta no tardaron más de dos minutos en total, lo que corrobora el no desperdicio del agua, nuestro mayor recurso.

Esta es una breve introducción al cambio que estoy haciendo y cómo voy conectando mi forma de ser con mi actuar diario. Todavía queda mucho por hacer. Y tú, ¿qué cosas estás cambiando para ser más respetuosa con el medio ambiente? Me encantaría leer tus comentarios.

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